Como bien sabes como emprendedor, el punto de partida para la startup, es una buena idea. Sin embargo, una idea no es suficiente, hay que asegurarse que el proyecto sea viable. ¿A qué nos referimos con viable? Muy sencillo, que el proyecto realmente “pueda” llevarse a cabo.

 

Por ejemplo, puedo tener la “brillante” idea de una empresa de transportes mediante teletransporte. Evidentemente, ahorraría costes y tiempo a las empresas, pero es evidente que es un proyecto que, por lo menos de momento, no puedo realizar.

 

En este sentido, ya puedes ver que hay diferentes perspectivas para analizar la viabilidad del proyecto. Para empezar, la viabilidad económica. Evidentemente una startup que consuma recursos ilimitadamente y cuyo negocio no tenga capacidad de generar ingresos al mismo nivel, no será viable, por más maravillosa que sea la idea.

 

Aunque a menudo se pone un énfasis desmedido sobre la viabilidad económica, hay otros factores que son igual de relevantes en la viabilidad de la empresa: la viabilidad jurídica/legal.

 

Con viabilidad jurídica/legal nos estamos refiriendo a que el negocio que propone la startup tenga encaje dentro de nuestro ordenamiento. Dicho con otras palabras: que sea legal. Volviendo a las ideas evidentemente inviable, pensemos en una empresa que diseña una app que pone en contacto a sicarios con posibles clientes. Puede que sea un negocio con potencial económico (o no, lo desconocemos) pero es lógico que la compañía no puede prosperar porque realiza un negocio que es, a todas luces, carente de legalidad.

 

Por lo tanto, aunque es relativamente sencillo constituir una sociedad e iniciar una actividad empresarial, antes de hacerlo es necesario pararse a pensar si existe algún obstáculo jurídico/legal para el negocio que proponemos.

 

Para ello, es necesario empezar por definir cuál va a ser nuestro ámbito de actuación, nuestro negocio. Dicho de otra forma, a qué ámbito nos vamos a dedicar y qué producto o servicio vamos a realizar.

 

Una vez hecho esto, podrás saber cuáles son los aspectos potencialmente problemáticos del negocio. Por ejemplo, si tienes una empresa de repartos, sabrás que vas a recibir una gran cantidad de datos personales de los clientes que vas tener que almacenar.

 

Cuando ya conozcas los aspectos que pueden plantear problemas ya tendrás una primera idea de los problemas que pueden llegar a surgir. Será un primer análisis superficial que te permite encontrar algunas soluciones y organizar tu compañía para minimizar el impacto respecto a las cuestiones más problemáticas.

 

El siguiente paso será realizar un estudio más exhaustivo. Será necesario buscar la normativa que afecte a los puntos que se han identificado como problemáticos. En este sentido, encontrarás dos tipos de normativa: la genérica y la sectorial.

 

Como su propio nombre indica, la genérica afecta a todo el mundo por igual, con independencia de que se dediquen a un sector o a otro. Por ejemplo, en el ejemplo de la empresa de transportes, la normativa de protección de datos es genérica, y afecta a todas las empresas por igual, o la normativa de consumidores y usuarios, todas las empresas están sujetas a ellas.

 

La normativa sectorial, en cambio, afecta únicamente a un sector específico. Así, por ejemplo, si tu empresa es una inmobiliaria dedicada a gestionar inmuebles turísticos, tendrás que estudiar la normativa específica. Si tienes una compañía que organiza en España apuestas sobre carreras de camellos de Dubai, habrá que ajustarse a la normativa del juego en línea. Y son sólo algunos ejemplos.

 

A estas alturas, ya será recomendable que busques ayuda de especialistas. Los abogados estamos siempre dispuestos a echar una mano en el análisis de la normativa y, como es lógico, estamos acostumbrados a encontrar y analizar las leyes vigentes y las propuestas de modificaciones legislativas que puedan afectar al desarrollo futuro de la compañía.

 

Además, los abogados también trabajamos a diario con la jurisprudencia de los tribunales. Es decir, trabajamos con las sentencias que dictan a diario los jueces en los diferentes ámbitos. Esto es importante porque, a menudo, nos encontramos con cuestiones dudosas y controvertidas que se resuelven de forma diferente por diferentes tribunales. Así pues, los abogados podemos ayudarte a entender en qué sentido están resolviendo los tribunales las cuestiones más dudosas de tu negocio para que decidas qué niveles de riesgo asumes o estás dispuesto a asumir.

 

Lógicamente, un abogado también te puede permitir analizar cuestiones que o habías pensado que pudieran resultar problemáticas en el negocio.

 

Evidentemente, la planificación jurídica/legal tiene unas implicaciones económicas que debes tener en cuenta. La partida destinada a abogados debe estar siempre presente en tu planificación cuando inicies tu startup, y debe mantenerse siempre abierta mientras ejerces tu negocio, ya que el entorno es cambiante y hay que mantenerse al día. Es más, en muchos sectores hay órganos administrativos de control con potestad sancionadora. Así que tener un cuidado absoluto al respecto te puede ahorrar más de un disgusto.

 

En resumen, cuando estés planteándote crear una startup, ten siempre bien en cuenta el entorno legal en el que va a desarrollarse el negocio y trata de conseguir un asesoramiento jurídico que permita a tu negocio estar constantemente actualizado.

 

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¡Hasta la próxima entrega!

El equipo de Cirial180º.

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