En entradas anteriores, explicamos qué son las marcas y su utilidad para diferenciar unos productos de otros. Te recomendamos que leas la anterior entrada sobre marcas para entender qué son las marcas y cómo funcionan, pero te lo resumimos: la marca es la señal que incorporas a tu producto para indicar que es tuyo. Si lo haces bien, el público querrá comprarte a ti y no a otros, por lo que tener una marca bien reconocible es muy útil. ¿O te da igual beber un refresco carbonatado de limón que una Fanta?

Cada emprendedor decide cómo identificar su producto y no necesariamente tiene que ser una cuestión de fantasía. Es decir, puede ser que quieras identificar tu producto, por ejemplo, con una palabra de uso habitual. ¿Significa eso que nadie podrá usar la misma palabra para identificar sus productos? Y, si es una palabra que ya ha usado alguien antes, ¿no podrás usarla? No es así. O, en fin, no del todo.

Supongamos que ofreces un servicio de transporte de equipajes que permite entregarlo en la puerta de tu casa y recibirlo en tu lugar de destino sin necesidad de hacer todo el proceso necesario en los aeropuertos de origen y destino. A esta aplicación podemos llamarla “Luggagefy”, si queremos poner un nombre de fantasía, o bien podemos optar por llamarla “el Caballo de Oro”.

Si queremos registrar la marca Luggagefy (pongamos que para España, para simplificar), será sencillo porque, al ser un nombre ficticio y de fantasía, no hay ninguno registrado. El problema surgirá, sin embargo, con “el Caballo de Oro”. Resulta, en este caso, que sí encontraremos que ya se ha registrado esa marca con anterioridad. ¿Significa eso que habrá que estar buscando combinaciones de palabras que no se le hayan ocurrido a nadie o usar siempre nombres de fantasía? No, o no necesariamente.

En este sentido, lo que la ley prohíbe es que se registren como marca los signos iguales o similares a otros ya registrados y, además, que se utilicen para productos o servicios idénticos o similares. En otras palabras, no se pueden usar marcas parecidas para designar productos similares. Tiene sentido, puesto que lo que trata de proteger la marca es que el consumidor pueda confundir el origen del producto y si nuestro Caballo de Oro designa una empresa de mensajería, ¿qué posibilidad hay de que el consumidor crea que es el mismo Caballo de Oro que, por ejemplo, fabrica licores o regenta una administración de lotería? En principio, ninguno.

Es por ello que podemos encontrar marcas muy parecidas (incluso idénticas) registradas para diferentes emprendedores. De hecho, la propia marca “Caballo de Oro” está registrada más de una vez. En este punto pude que te estés preguntando cómo hacer para definir los bienes y servicios que ofreces o incluso si puedes usar el CNAE que ya utilizaste para constituir tu empresa. Por suerte, las entidades encargadas de registrar las marcas nos han facilitado (en parte) el trabajo. Para poder registrar las marcas, existe un listado por clases de bienes y servicios, de forma que cada marca va asociada a una o varias de estas clases, en las que se le ofrece protección. Una lista con cuarenta y cinco clases que puedes consultar aquí.

Así, por ejemplo, The Coca-Cola Company registró Fanta en la clase 32, que es la clase prevista para cervezas y bebidas sin alcohol. Sin embargo, y para comercializar otras bebidas con alcohol, la misma empresa optó por registrar la marca “Topo Chico”.

Hay que tener en cuenta que es importante el uso de estas clases en el momento de registrar una marca, puesto que, aunque las clases no sean idénticas, puede tratarse de clases afines y que impliquen un riesgo de confusión entre las marcas solicitadas. Por ejemplo, si intentamos registrar la marca “Fanta” en la clase 33 como bebida alcohólica lo normal será que Coca-Cola se oponga con éxito a nuestra solicitud. Lo mismo sucederá si intentamos registrar “Topo Chico” como bebida no alcohólica.

También hay que tener cuidado si se utiliza la marca para productos en los que originalmente no estaba previsto su uso. Así, por ejemplo, la marca “Montblanc” está registrada en la clase 02, relativa a pinturas y barnices. Si la empresa titular de dicho registro optase por utilizar su marca en bolígrafos promocionales, el resultado sería que estaría entrando en conflicto con Montblanc Simplo GMBH, que ha registrado la marca “Montblanc” en la clase 16, que incluye artículos de oficina y, concretamente, para bolígrafos y plumas estilográficas. Por tanto, es necesario tener en cuenta que hay que tener especial cuidado al usar la marca en productos no habituales en la empresa.

Por último, es necesario señalar que, aunque la tentación de proteger la marca con muchas clases pueda ser elevada, no es necesario hacerlo. En primer lugar, porque algunas de las clases, como hemos visto, son afines. Por otro lado (y este suele ser el principal obstáculo) a un número mayor de clases registradas, mayor es el coste del registro (y, eventualmente, mayores posibilidades de encontrar oposición). Lo más conveniente es encontrar un punto de justo equilibrio, registrando únicamente aquellos bienes o servicios que efectivamente vayas a comercializar con la marca. No necesitarás clases de más, puesto que encarecerás el coste del registro, pero es conveniente no quedarse corto puesto que podrías encontrarte con terceros que usan la marca en bienes o servicios que, aunque inicialmente no comercializabas, sí tenías previsto hacerlo.

En resumidas cuentas, en el momento de registrar la marca es conveniente estudiar detenidamente el uso que se va a hacer de ella. Es decir, sobre qué productos se quiere utilizar, para adecuar el registro y la protección que brinda a las necesidades del emprendedor y de aquello que va a ofrecer.

¡Hasta la próxima entrega!

El equipo de Cirial180º.