Siempre que pensamos en una Startup, lo hacemos desde la perspectiva de que es una empresa que arranca, funciona, genera ingresos y todo sucede exitosamente. Por eso nos centramos en cómo se crea, cómo se financia, qué buscan los inversores de cara a una futura venta y cómo deben regularse las relaciones entre socios para que no haya problemas en la vida social.

 

Sin embargo, la realidad viene demostrando que las cosas no siempre son así y que, de hecho, hay un gran número de Startups que, al final, no encuentran el camino adelante o no logran hacerse un hueco en el mercado, con lo que no pueden proseguir su actividad. Cuando una empresa ha llegado a una situación en la que los pagos son mayores que los ingresos empieza a entrar en un camino peligroso.

 

Para empezar, es necesario determinar en qué situaciones hay que considerar que la empresa no es sostenible económicamente. Dicho en otras palabras, hay que analizar cuándo nos encontramos en una situación de insolvencia.

 

La Ley Concursal (LC) determina en su artículo 2.2 que “se encuentra en situación de insolvencia el deudor que no puede cumplir regularmente sus obligaciones exigibles”. En cuanto a la imposibilidad de cumplir regularmente con las obligaciones, no es necesario que la empresa ya esté incumpliendo, ya que no es necesario que se produzca una insolvencia actual, también puede ser inminente.

 

El apartado 4 del mismo artículo define algunas situaciones que pueden considerarse de insolvencia y, particularmente, el párrafo 4º de dicho apartado determina como situación de insolvencia (que faculta a los acreedores para instar el concurso) el incumplimiento con carácter general durante tres meses del pago de sus obligaciones tributarias, de las cuotas a la Seguridad Social, las del pago de salarios e indemnizaciones y otras retribuciones derivadas de una relación de trabajo.

 

Junto a esta causa, el artículo 2.4 LC prevé otras situaciones que se consideran insolvencia: el sobreseimiento general en el pago corriente de las obligaciones del deudor (es decir, que no se estén pagando un gran número de deudas y que estas deudas sean relevantes para la empresa), que el patrimonio del deudor esté generalmente afectado por un embargo o que haya un alzamiento o liquidación apresurada o ruinosa del patrimonio del deudor (es decir, que “malvenda” o venda con urgencia sus bienes).

 

¿Qué sucede cuando nos encontramos ante alguna de estas situaciones de insolvencia? ¿Qué hacemos como emprendedores? Cuando la empresa se encuentre en una situación de insolvencia, será necesario que se declare en concurso de acreedores.

 

El concurso de acreedores es un procedimiento que pretende dar salida a las situaciones de insolvencia, sea una situación meramente coyuntural (y, por tanto, reparable) o una situación definitiva. En caso que sea una situación coyuntural, el concurso permite una re-financiación de la deuda por acuerdo con los acreedores y que implica que cobren más tarde (espera), que se perdone una parte de la deuda (quita) o ambas. Si no se logra dicho acuerdo o si la situación es irreparable, el concurso sirve para liquidar ordenadamente la empresa (convertir los bienes en dinero y pagar a los acreedores con lo que se obtenga), determinando un orden de pagos.

 

Una de las principales cuestiones dentro del concurso es su “calificación”. Se trata de una pieza en la que el juez correspondiente analiza las causas que han llevado a la empresa a la situación de insolvencia, determinando si dicha situación ha sido provocada o se ha visto agravada por la conducta de los administradores sociales (por dolo o negligencia). En su virtud, el concurso puede calificarse como fortuito o como culpable.

 

En este sentido, nos encontramos ante dos tipos de concurso: el voluntario, que cuya solicitud proviene del propio deudor, en este caso de la Startup, ante su situación de insolvencia; y el necesario, que solicita uno de los acreedores ante un impago de sus créditos que reflejo la situación de insolvencia.

 

Estas dos distinciones (calificación como fortuito/culpable y el concurso voluntario/necesario) son de gran importancia, ya que ante el concurso necesario hay un gran riesgo de que sea calificado como culpable, lo cual no sólo implica una inhabilitación del administrador de la sociedad (que generalmente vas a ser tú como emprendedor), además implica una ampliación de la responsabilidad, que pasa a ser personal (es decir, como administrador de un sociedad en concurso culpable, responderás con tus bienes personales de las deudas de la sociedad).

 

Por ello, es muy recomendable declarar el concurso cuando la situación lo requiera, sin olvidar que, antes de llegar a una situación tan grave, se pueden buscar situaciones alternativas para aumentar caja y hacer frente a los pagos. Lógicamente, a nivel comercial es muy desfavorable declararse en concurso. Como emprendedor y responsable de la empresa debes prever esta situación.

 

De hecho, si no se declara el concurso debiendo hacerlo, la LC faculta a los acreedores para que lo hagan y, lo que es más, los incentiva privilegiando el crédito del acreedor que inste el concurso.

 

Y, finalmente, la cuestión que seguramente más te preocupa: ¿qué sucederá cuando declare el concurso? Pues una vez declarado el concurso (por el Juzgado de lo Mercantil), se nombrará un administrador independiente (administrador concursal) que estudiará las causas de insolvencia y dará salida a la situación (bien porque la situación es salvable y se vaya a negociar las quitas y esperas, o bien porque no lo es y se liquide la sociedad).

 

En caso de liquidar la sociedad, será el administrador concursal el que determine cómo se realiza. La venta de bienes puede realizarse individualmente (bien a bien), por lotes (grupos de bienes) o conjuntamente en bloque (lo que se conoce como “venta de unidad productiva”). En este sentido, los concursos de Startup suelen ser rápidos porque, a diferencia de las empresas tradicionales, no tienen carteras de activos materiales ni suele haber préstamos garantizados con garantías personales. Con empresas más tradicionales el proceso es diferente y algo más complejo.

 

En cambio, sí suelen tener una gran cantidad de activos intangibles (marcas, software, etc.) que también se puede enajenar (vender). Además, nada impide que se adquieran por empresas relacionadas con los emprendedores de la empresa que se encuentra en concurso, aunque en estos casos es necesario tener una gran precaución para evitar el fraude de acreedores.

Cualquier duda al respecto puedes dejarla en los comentarios de este post o escribirnos directamente a cirial180@gmail.com

¡Hasta la próxima entrega!

El equipo de Cirial180º.

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